Tomado de www.elmundo.es, donde fue publicado el día 14 de Julio de 2008.
En el Cono Sur, los presidentes pueden ser de todo, menos de derechas. Al igual que en la época del boom literario latinoamericano, cuando cualquier aspirante a escritor escribía pensando en García Márquez, ahora todos los políticos quieren ser ‘nacionales y populares’. Todos quieren ser vistos como ‘progresistas’ y, si es posible, ser etiquetados como de ‘centroizquierda’. Sobre todo aquellos que deben exagerar su pertenencia a esta oleada que comenzó en Venezuela, con las exageraciones de Hugo Chávez Frías y se extendió por toda la región.
Es cierto que, por diferentes razones, casi todos los jefes de Estado del Cono Sur encajan en un modelo alejado de lo conservador. El marketing político regional parece ser uno solo. Y allí están todos: el pasado obrero de Lula, el socialismo light de la chilena Michelle Bachelet, la irreverencia del ecuatoriano Rafael Correa, las ocurrencias del ex cocalero Evo Morales o la cordialidad del uruguayo Tabaré Vázquez. Todos, menos uno. Álvaro Uribe Vélez, el presidente colombiano, estaba fuera de la moda. Su alineamiento sin avergonzarse con los Estados Unidos, su lucha sin desmayos contra los guerrilleros de las FARC y su tono de voz suave, alejado de los estruendosos discursos de barricada, hicieron de Uribe un jefe de Estado muy distinto al resto de sus vecinos. La primera característica que lo diferencia de todos los demás es su volumen discursivo: jamás grita. Incluso en los foros donde tuvo que sostener posiciones miradas con recelo por los demás jefes de Estado, Uribe nunca levantó la voz. Todo lo dice en un medio tono ‘antipopular’.
Pero el increíble golpe del ejército colombiano para liberar a los rehenes con Ingrid Betancourt a la cabeza, cambió el escenario. Uribe pasó del presidente ‘más gris’ del Cono Sur a ser un ganador sin derramar una gota de sangre. Todos y cada uno de los colegas latinoamericanos llamaron al colombiano para felicitarlo (hasta Cristina Kirchner que no tuvo más remedio), y la CNN transmitió en directo sus conferencias junto a los rehenes. Días después se supo que su imagen positiva llegó al 92 %, un número récord, difícil de repetirse para un presidente al final de su mandato.
Hasta Hugo Chávez pasó de casi declararle la guerra a ser ’su amigo’, tras la sonada liberación de los rehenes. Y todo, con su medio tono, sin gritar, sin gestos ampulosos. Si se hubiese hecho una encuesta meses atrás en toda Latinoamérica preguntando quién podría llegar a ser el mandatario con mayor imagen positiva, el resultado hubiese sido cantado. Nadie, ni aún el más optimista de los colombianos, podría haber acertado que fuese Álvaro Uribe Vélez. Es que ni él puede creerlo.
Un poco discrepando del texto, quisiera recordar que ni siquiera en los peores momentos del gobierno de Uribe su popularidad ha bajado del 60%, así que no es de aterrarse que en estos momentos, justo después del duro golpe dado a las FARC con el rescate militar tan mencionado por estos días, su popularidad alcance el 91% o 92% y que la intención de voto se ubique alrededor del 71%. Así que si el presidente colombiano decidiera lanzarse a su tercer mandato, previo cumplimiento de los trámites de ley necesarios, sobrepasaría con creces su histórica participación en las elecciones presidenciales del 2006, cuando arrasó en las urnas de manera despiadada con todos sus contendores políticos.
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