EL TRIUNFO HECHO ABOMINACIÓN

Soy patriota por naturaleza y todo lo que le sienta bien al país me sienta bien a mi, pero a veces los medios de comunicación y nosotros mismos nos encargamos de convertir los triunfos en monstruos abominables de los cuales nadie quiere saber.

Tal es el caso del grandioso rescate que el Ejército de Colombia hizo de 11 militares, tres contratistas estadounidenses y una excandidata presidencial colombiana; todos víctimas de un ominoso secuestro perpetrado por los narcoterroristas de las FARC. Dicho rescate ha sido tal vez una de las operaciones más brillantes que en la historia de la inteligencia militar de cualquier país se haya hecho, y a diferencia de los incrédulos, yo si le doy todo el crédito a las fuerzas militares de Colombia.

Pero es que tanto triunfalismo nos hace pensar que la guerra está ganada, que la guerrilla ya no existe y que todos los males que asechan suelo colombiano desaparecieron así, como por arte de magia. Igualmente tanto triunfalismo nos recuerda que en este país siempre han existido secuestrados de diferentes categorías, los de primera clase como la excandidata y los contratistas norteamericanos (gringos de mejor familia), los de segunda clase como los oficiales de las fuerzas armadas y de la fuerza pública, y los de tercera clase que son todos los demás. En el exitoso operativo se logró el rescate de secuestrados de todas las clases, pero el verdadero revuelo de los medios radica en la presencia de los de primera clase en el grupo de liberados, olvidando por completo que los cientos o miles que se quedan son tan anónimos como tan seres humanos, que merecen nuestra atención, que merecen nuestra dedicación, que merecen una promesa de nuestra parte de que no los dejaremos podrir en esa selva del olvido de donde es imposible de salir en las mismas condiciones en las que se entra, ya que o se sale loco, o se sale enfermo o se sale muerto.

Los exsecuestrados de primera clase, como grito de campaña, dicen que continuarán la lucha por los que atrás se quedaron, que no los abandonarán, que abogarán por su libertad definitiva. Pero es muy fácil decirlo desde los cuarteles de invierno, desde la seguridad de Washington, New York o París; y es más fácil decirlo cuando todas las cámaras están ahí para evidenciar ese “perenne compromiso” fabricante de votos y disparador de rating.

Señores, el logro del Ejercito de Colombia me alegra tanto como a todos los ciudadanos de bien, la alegría de los rescatados y de sus familias me quebró las voz, me puso la piel de gallina y me empapó los ojos; el triunfo del Presidente Uribe me recordó que aun hay esperanza, pero el excesivo show montado por los medios creo que a todos nos tiene cansados. Los comentarios generalizados en los lugares de trabajo, en los colegios, en las universidades, en los restaurantes y prácticamente en cualquier lugar, es la saturación por tanto oír hablar de la operación Jaque, de Ingrid Betancourt y de los rescatados. Es una lástima que los medios vuelvan una noticia tan alentadora para todos en un monstruo del que ya casi nadie quiere saber. Hay que dejar que los rescatados continúen con sus vidas pues ya todos celebramos con ellos, así que hay que respetarles su intimidad y dejarlos tratar de recuperar el tiempo perdido.

Tenemos que respaldar al Presidente Uribe y rodear a nuestras tropas y a la fuerza pública, siempre con el corazón pleno por los logros alcanzados, pero también con la tristeza de tener aun a muchos compatriotas en la selva sin saber si mueren o viven, o mejor, si sobreviven.

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