Cada día que pasa me encuentro mas sorprendido de la capacidad de nuestros congresistas de perder el foco, el norte de su trabajo, la orientación hacia lo importante para centrarse no en lo urgente, sino en lo irrelevante. Entonces es común, mientras el país se derrumba por una crisis política crónica, encontrarlos condecorando al Niño Jesús del 20 de Julio, jugando dentro del recinto del Senado con alacranes y otras alimañas – ¿será entre ellos mismos?-, tirándose unos a otros pelotitas antistress o haciendo cualquier cantidad de cosas realmente improductivas, en lugar de estar legislando para una nación que los eligió y verdaderamente necesita de ellos, eso si, siempre y cuando trabajen con honestidad y bajo el utilitarista principio de buscar el bien común. Ahora están tratando de perder el tiempo con una propuesta de ley para modificar el escudo nacional, pues consideran que ya no es necesario seguir teniendo en él el istmo de Panamá, ya que desde 1903 perdimos ese pedazo de tierra. No es que hablar del escudo sea perder el tiempo, sino que no tiene ningún sentido pretender modificarlo y menos soportar dicha intención en el argumento tan débil que están esgrimiendo.
Los símbolos patrios deben ser atemporales, ya que deben trascender en el tiempo y servir para ayudar a construir la identidad colectiva de un pueblo, de una nación. Tal es el caso de países como los Estados Unidos cuya primera bandera nació con la independencia y solo ha sido modificada para agregar una estrella por cada nuevo estado de la unión; su himno, The Star Spangled Banner, existe desde 1814, tan solo 38 años después de su independencia y hay que ver hoy en día con que emoción lo gritan, porque no lo cantan sino que lo gritan, cada vez que suena. España tiene su bandera desde 1785, su Marcha Real o Granadera como realmente se llama su himno sin letra data de antes de 1761, su escudo desde 1475 y solo ha tenido cambios de forma mas no de fondo, ya que los elementos heráldicos que lo componían entonces son los mismos de ahora, que entre otras, no serían “pertinentes” para nuestros brillantes legisladores quienes ya estarían pretendiendo cambiarlos porque simplemente los considerarían muy viejos. Podría seguir citando ejemplos para demostrar como la simbología patria ha sido concebida y respetada desde entonces en las naciones cuyos ciudadanos mas patriotismo profesan. Es impresionante ver, porque lo he vivido, como un estadounidense cualquiera derrama lágrimas cuando ve ondear su pabellón al son de las notas más marciales de su himno nacional, ya que para ellos esos elementos son el testimonio de lo que su nación fue, de lo que es y de lo que será. Pero es que eso solo se logra enseñándole a cada generación que a pesar de la valiosísima diversidad de un país, hay unos elementos comunes a todos que deben ser respetados y honrados, que recogen su pasado para enriquecer su presenta y posiblemente para ayudar a definir hacia que futuro se debe caminar. Entonces si esto debe ser así, ¿para qué cambiar el escudo nacional porque ya no poseemos a Panamá?, si es que eso es parte de nuestra historia. Historia que todas las generaciones, actuales y venideras, deben conocer para poderse ubicar en el presente. Panamá debe permanecer en el escudo para recordarnos que hay errores que no se pueden volver a cometer, para decirnos que somos una nación con una ubicación privilegiada, para recordarnos quienes somos y de donde venimos.
Si no respetamos la atemporalidad de los símbolos patrios simplemente porque los tiempos han cambiado, tendríamos que reformar el escudo completo y continuar haciéndolo per saecula saeculorum, ya que el dinámico paso del tiempo nos obligaría a hacerlo, convirtiéndonos en un Shakiresco pueblo sin identidad que hoy tiene el pelo color púrpura, mañana rojo y después amarillo; o que hoy habla con acento caribe, mañana con uno del sur del continente y después en inglés porque el español ya no se usa.
Por ejemplo, siguiéndoles el juego a nuestros “ilustres” congresistas, nuestro escudo nacional hoy quedaría así:
La bandera que lo rodea conservaría la franja azul tal y como está, ya que nuestros mares siguen ahí aunque estén amenazados por Chávez desde la República Tropical de los Cocos, entiéndase Venezuela, y por el comandante Ortega desde la famélica Nicaragua. En cuanto a la franja amarilla, pues les diré que tendría que reducirse a menos de la mitad de su tamaño actual, ya que la riqueza de nuestros suelos está totalmente diezmada gracias a la fumigación con glifosato para erradicar los cultivos de coca, por las constantes inundaciones en invierno y por las duras sequías en verano. Y a la franja roja se podría incrementar su tamaño a más del doble, primero para compensar la pérdida de tamaño de la amarilla, y segundo porque la sangre que se derrama en nuestras tierras para lograr consolidar una proyecto serio de país, aun no para de verter, lo cual además implica que mientras el conflicto interno no termine, esta franja tendría que seguir creciendo y creciendo.
El cóndor de los andes que corona nuestro escudo y del cual ya muy pocos representantes se ven en nuestras altas cumbres, podría ser reemplazado por un chulo, golero, gallinazo, buitre o como quiera que se llama esta ave de carroña que es muy común encontrar en torno a nuestras ciudades. Del pico de este carroñero podría pender, en lugar de una corona de laurel verde, una corona de espinas secas en representación del martirio al que nos han sometido los grupos armados ilegales en este país, pero si se quiere incluir el martirio de tener al dictador tropical y a su banda de malandrines en el vecindario como argumento, también tiene validez. Nuestra nueva ave nacional podría tener entre sus patas una cinta que en lugar de tener la leyenda “libertad y orden”, dijera “polarización e improvisación”, ya que este país está tan polarizado que si alguien se siente con la libertad de criticar al gobierno es automáticamente calificado de guerrillero, pero si se siente con la libertad de criticar a la guerrilla es calificado de uribista o paramilitar, ya que puntos medios no existen; además la planeación y el orden en nuestro país no existen, las políticas de estado no se ven por ningún lado y cada gobernante y cada ciudadano pretende acomodar las cosas a su antojo y enfrentarlas una a una de acuerdo a como se vengan presentando, pero orden no hay.
En cuento a la franja superior del escudo, donde están la granada de oro y las cornucopias con monedas de oro y plata y con frutos tropicales, representando la abundancia y riqueza del suelo colombiano, podríamos, en lugar de lo anterior y argumentado igual que lo de la franja amarilla de la bandera, poner una granada de fragmentación, de oro si así se desea, acompañada de dos fusiles AK47, uno a cada lado, para de esta forma decirle al mundo que tenemos una de las mejores fuerzas armadas del continente gracias a los billetes verdes de los gringos.
La segunda franja, donde está en fondo de plata el gorro frigio simbolizando la libertad, podría ser reemplazada por una con un quepis camuflado simbolizando la polarización ya mencionada, donde si se quiere se interpreta como el de un guerrillero o el de un paramilitar. Eso depende de si el observador se encuentra “con el gobierno o en su contra”.
Para la franja inferior, la causante de toda la polémica y en la cual se encuentra Panamá, se podría proponer la solución más sana y salomónica de todas. Dejar el istmo pero en lugar de los barcos apostados a norte y sur, emplazar el archipiélago de San Andrés y Providencia al norte y demarcar las islas de Gorgona, Gorgonilla y Malpelo al sur. Esto para poner en evidencia esas preciadas posesiones y además para torearle la lengua un poco al comandante guerrillero Ortega, ya que es bastante hilarante verlo envalentonado escupiendo sapos contra Colombia cuando en verdad le tiene pavor a las lanchas de patrullaje apostadas en San Andrés.
Visto todo lo anterior creo que la situación sería muy complicada, ya que el escudo propuesto, al igual que los cambios propuestos por los congresistas colombianos, responden a situaciones meramente temporales, lo cual podría obligarnos en un futuro no muy lejano a cambiar el gallinazo por una garza; si al poder sube alguien con ciertas simpatías con los bomberos voluntarios, entonces el quepis por un casco rojo; si a Ortega le da por invadir San Andrés, que lo dudo, tendríamos que poner en la última franja a las Islas del Rosario, o lo que queda de ellas, y así a través de los tiempos, dejándonos a los de ahora y a los que están por venir sin historia y sin identidad.
Así que señores congresistas, dejen los santos quietos y dedíquense a legislar, o a defenderse porque al paso que vamos, entre parapolítica, farcpolítica y yidispolítica; no nos quedará de otra que eliminar todas las franjas del escudo, poner una imagen del hemiciclo del congreso vacío, otra de la cárcel de Cómbita o de la Picota repleta de señores de corbata y mujeres de sastre; quitar el pájaro que en su momento esté coronando el escudo para poner una rata y eliminar la leyenda “libertad y orden” para poner una que diga “a comer con campana”.
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Excelente artículo…
Pero así estamos… y ni hablar entonces a la hora que a los diputados y concejales se les ocurra modificar los símbolos de los departamentos y municipios…
Saludos!
pero parece que como dijeron Tola y Maruja en el Radar… el condor sale del escudo y entra el cuzumbo…
Saludos Gonzalez.. anotate una…
Usted ed un C@br0^|……. ovbiamente es importante hacer que san andres y providencia sean parte de nuestro escudo
que bacano es el escudo de colombia
Simplemente excelente. Una verdad analizada y dicha de forma jocosa, que chispa y genialidad la de los colombianos.
Saludos.
Soy panameño y como tal, nos da igual si estamos o no en el escudo colombiano, para mi lo símbolos se respetan y no interesa como estén, marcan los errores que se cometen y mas cuando son errores políticos, somos una nación Independiente hoy en día Una de las economías mas emergentes de la región, en 100 años de vida independiente logramos mas y aunque duela la realidad logramos mas que en 100 años de vida como departamento, muchos decían que nos moriríamos de hambre y que panamá retornaría a Colombia cuando los grigos se fueran hoy es todo lo contrario, seguimos para ariba y le demostraremos al mundo y nuestra madre patria colombia que si se puede, pero en nuestra bandera seguirán los dos mas grandes partidos colombianos el azul del concervador y la bandera roja del Liberal, por que a nosotros no nos duele recordar de donde provenimos y para recordar lo dañina que puede ser la guerra y mas cuando la propician politicos que solo pelean poder.
saludos