A PAGAR SU PESO EN ORO

La increíble escalada de los precios del petróleo ha impactado de formas inimaginables a todos los ciudadanos alrededor del planeta, inclusive aquellos que no lo creen así y que no logran visualizar por donde es que este fenómeno los está tocando, están siendo o serán víctimas del desborde del precio del oro negro. Aquí no vamos a discutir las razones por las cuales hemos llegado a esa situación, sino que vamos a hablar un poco de una consecuencia en particular que me tiene algo sorprendido.

Resulta que el combustible representa alrededor del 40% del valor real de un tiquete de avión, razón por la cual las compañías aéreas tienen que estar muy preocupadas, pues esto sumado a las fuertes regulaciones del sector y a la dura competencia, las ha puesto, en la partida de ajedrez del mercado, en jaque; situación que de no ser tratada con lupa se puede convertir en mate.

Por mi formación académica siempre he visto con mirada cómplice la idea de usar la creatividad para hacer o mejorar la forma de hacer negocios, pero siempre teniendo presente que la dignidad del ser humano está sobre cualquier cosa. Bueno, justamente este es el caso que en esta oportunidad me trae al teclado de nuevo.

En medio del desespero de las aerolíneas, me he enterado que hay algunas que piensan tratarnos como una simple mercancía, como una caja o como una burda maleta más de las que en sus bodegas viajan. Bueno, de hecho, ya muchas nos tratan de esa forma, ya que viajero que se respete ha sido, al menos una vez en la vida, víctima de la irresponsabilidad y el descaro de las aerolíneas cuando sin ningún reparo venden hasta dos veces un mismo vuelo, dejando a un gran número de pasajeros en tierra sin importar lo que estos tengan que hacer en su siguiente destino y negando compensaciones tan simples como un alojamiento digno, una comida e incluso una llamada telefónica.

En esta oportunidad, el afán mercantil que prima sobre cualquier derecho ciudadano o cualquier deber derivado de las responsabilidades sociales que de su negocio se desprenden, está llevando a las aerolíneas a contemplar alternativas tan perversas como personalizar los tiquetes de acuerdo al peso de cada viajero. Entiéndase bien, no al peso de su equipaje, sino al peso del cuerpo del individuo.

Hasta cierto punto la alternativa encierra una lógica si se mira desde una óptica meramente financiera y de costos, ya que el consumo de combustible está directamente ligado al peso que el avión tenga que arrastrar, y la forma mas sensata de saber cuanto combustible se requiere, es sabiendo cuanto pesa el viajero sumado al peso de su equipaje. Este simple cálculo unido a la sumatoria del cálculo de todos los viajeros permitiría obtener el total del peso que tendría que cargar el avión de manera adicional al peso muerto de este sin ningún pasajero ni equipajes a bordo, solo con la tripulación. Ahora, mas allá de la lógica financiera, está, también a favor de esta modalidad potencial, la lógica de la justicia y la equidad; pudiendo argumentar en este caso que el que es flaco y viaja con muy poco o sin ningún equipaje no tiene por qué pagar lo mismo que el que es gordo y viaja con una gran maleta en bodega, ya que el consumo de combustible que genera el segundo es evidentemente mayor al que genera el primero. Hasta aquí todo bien.

Todo en la vida no se debe ni se puede regir por la lógica matemática o financiera (los especialistas en dichos temas me van a matar), sino que la lógica del respeto, de la dignidad y de la eficiencia ligada a las dos anteriores tiene que cobrar alguna importancia. Por eso me parece una locura que las aerolíneas si quiera piensen en cobrar los viajes de acuerdo al peso del parroquiano que lo va a hacer, ya que esto atenta justamente contra las tres lógicas que defiendo, y lo hace de la siguiente forma.

Cualquier emprendimiento, estrategia, jugada o como quiera que pueda llamarse a cualquier movimiento empresarial que atente contra la dignidad de un ser humano no es digna si quiera de contemplarse como alternativa, ya que por defecto se constituye en un irrespeto, y recordemos que desde la teoría del consumidor sería un exabrupto irrespetar a un cliente so pena de perderlo para siempre con el agravante del voz a voz negativo que podría generar. Cuando hablo de atentar contra la dignidad de un ser humano me refiero a preguntarle, en público o en privado, cuanto pesa, para después ingresar el dato a un documento que no cuenta con el beneficio de la privacidad de una historia clínica. A esto hay que sumarle el agravante de la falta de credibilidad que podría generar el dato suministrado, ya que por obvias razones el viajero buscará la forma de pagar siempre menos, lo cual obligaría a pesar al pasajero, al igual que las maletas, al momento de hacer el check in, exponiéndolo a los gestos, burlas y miradas inquisidoras no solo del personal de tierra de la aerolínea, sino de todos aquellos que se encuentren en la fila a la espera de registrarse, de los maleteros (porta equipajes), del personal de seguridad y de todos los curiosos comunicativos que seguramente buscarán hacer presencia en el lugar de tan pugilístico evento. El motivo de las mofas, de las miradas y de los gestos no tendrían que estar necesariamente ligados al sobre peso o a la obesidad de los viajantes, sino también a la langaruta presencia de famélicos pasajeros cuyo peso, inferior al de su equipaje, en lugar de producir risa produciría pesar. Piensen en lo siguiente, si ya es denigrante, gracias a los chistes de Bin Laden, tener que quitarse la ropa casi por completo para poder pasar a una sala de abordaje donde además un perro lo huele hasta en lo mas noble de las partes mas nobles; que tal sería, justo antes de eso, ¿tener que pesar la maleta y tener que pesarse uno?

Imagino que para viajar, al igual que como se hace en la actualidad, el tiquete tendría que ser expedido previamente en una agencia de viajes, en una agencia de la aerolínea, por Internet o vía telefónica. En cualquiera de los casos tendría que  utilizarse un peso de referencia para establecer la tarifa a pagar, peso que sería suministrado por el viajero de acuerdo a su autoconocimiento, a la báscula que tenga al lado, a la estimación que quien compra haga del peso del viajero, o incluso a su deseo de estafar a la aerolínea y otras tantas opciones. Esto trae consigo una nefasta consecuencia: enormes y lentas filas para realizar el check in en el aeropuerto, que entre otras eliminaría la posibilidad de hacerlo electrónicamente o telefónicamente. Claro, las filas serían enormes y lentas porque para cada pasajero sería necesario cotejar el peso declarado con el peso real, además de pesar su equipaje. Esto implica, entre otras, que el viajero que ha sido honesto con la declaración de sus kilos debe mantener un estricto régimen alimenticio hasta el día del viaje para evitar posibles recargos por exceso de kilaje. Entonces imaginen pasajero por pasajero pesando sus maletas y pesando sus pesares, discutiendo con el personal de la aerolínea para ahorrarse un kilo y con él unos centavos (además de salvar la honra y el orgullo), diciendo que la báscula está averiada, imaginen el pudor de las mujeres tratando de ocultar de las demás mujeres el peso de sus desmanes, y así por líneas y líneas podría seguir citando argumentos de los viajeros que lo único que a ciencia cierta podrían lograr sería relentecer mas y mas las filas. Creo que se hace evidente la pérdida de eficiencia o mas bien la ineficiencia que generaría una medida de este tipo, y en este sentido solo se me ocurre una salida para compensar el tiempo perdido, y es que si ya el señor se va a tener que pesar, pues que de una vez se empelote para que lo requisen y se ahorre este paso a la entrada a la sala de abordaje. Claro que por donde quiera que se mire estará presente la falta de respeto y la vulneración de los derechos del viajero.

Ahora, si el precio del petróleo sigue como va y las aerolíneas decidieran implementar una medida de este tipo, pues que al menos los programas de viajero frecuente se ajusten de la misma forma, donde a mas kilos mas millas, con lo cual se terminaría mi queja porque finalmente saldría ganando.

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